María Elena Del Valle: “Toda creación es anticipo del final.”

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por María Magdalena Ziegler D.

Andar en bicicleta es lo más cercano que los seres humanos podemos estar de saber qué sienten las aves al volar sin desprendernos del suelo. John Howard dijo una vez que las bicicletas son vehículos muy curiosos, porque el pasajero es su motor. Quizás ese es su mayor atractivo, sentir que nosotros tenemos el poder enteramente.

María Elena Del Valle y yo tenemos en común nuestro amor por las bicicletas, con una pequeña diferencia: ella las prefiere en un gimnasio y yo, a campo traviesa. Sin embargo, concordamos también en que no se puede estar triste si se anda en bicicleta.

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“Bicicletas hasta en la sopa” (Foto: María Elena Del Valle)

Maria Elena sabe lo que es emigrar, es decir, desprenderse el corazón y rehacerlo de nuevo en otras tierras. Sabe lo que es borrarse y reconstruirse con dolor y con terco optimismo. Sabe que la identidad es un patrimonio para cada individuo y que perderla total o parcialmente (como en el caso del inmigrante) es un ruta agreste llena de promesas que podrían quedarse en eso, promesas.

Conversar con ella nutre y divierte hasta en el más absoluto de los silencios. Y es que cuando uno llega a identificarse con una persona en algunos puntos clave, incluso el silencio es cómodo, es sanador y elocuente. En esta entrevista procuro, no obstante, que hable con ella misma (uno de sus pasatiempos favoritos).

MMZ: El arte brinda posibilidades de identificación. ¿De qué manera el arte te da identidad?

MEDV: La palabra identidad viene del latín identitas y significa lo que soy, pero aún más importante define lo que no soy. Hoy más que nunca cuando las ciudadanías se diluyen, encontrar elementos que nos definan es fundamental. Del mismo modo que no puede pensarse en Roma sin evocar el Coliseo, así como no se concibe París sin el Arco del Triunfo, o no podemos evitar que venga la imagen de La Sagrada Familia al pensar en Barcelona, el arte dice lo que somos y de dónde venimos, es memoria, arraigo y recuerdo. El arte en todas sus formas, es el hilo de Ariadna que nos dirá a dónde volver. Es el  camino de los afectos que no se mudan. “Mi Querencia” que susurra Simón en mis oídos mientras camino por La Plaza del Sol, el cielo azul sempiterno de Madrid en verano que me hace añorar el de mi Caracas natal, dicen lo que soy, definen mi ADN y mi memoria como venezolana en el exilio. Mientras lo recuerde, estarán vivos y estarán vivos mientras los recuerde.

MMZ: La capacidad humana de crear deja espacio para la necesaria destrucción. Se dice incluso que no se puede crear sin destruir. ¿Crees que esto es inevitable?

MEDV: El arte es provocación, es cachetada, es cabriola del pensamiento, es suspiro, es testimonio, túnel del tiempo, y  silencio ruidoso. Creo que la destrucción, como el fin de cualquier cosa, es necesaria. Toda creación es anticipo del final. El arte, en todas sus manifestaciones, bombardea, destruye y reconstruye. Es la dialéctica de la creación. ¡Si! Hay que morir a cosas para nacer a otras nuevas y mejores. Cada muerte es la promesa de lo que vendrá.

MMZ: ¿Crees que el arte necesita silencio? ¿Por qué?

MEDV: La palabra es el don más extraordinario que posee el ser humano. Pero a veces, hablamos mucho y muy alto. A veces la ignorancia grita y silencia el pensamiento. Hablar puede volverse un ruido sordo y cansino. Hemingway dijo alguna vez que: hacen falta dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar, de tal modo que sí, creo que el arte necesita silencio. Pero no el silencio como tregua, sino el silencio como fermento de la emoción, el silencio como contemplación en el que el arte sea el que hable.f0046_noiaalafinestra_1411574278_1024

Salvador Dalí, “Muchacha en la ventana”, 1925

MMZ: Si pudieras sentarte a tomarte una copa vino tinto con Dalí o Velázquez, ¿a quién escogerías, cuál sería el tema de conversación más controversial que sostendrías y qué le confesarías?

MEDV: Aunque me pones en un predicamento, porque me gustan los dos, escogería a Dalí. En él puedo ver la influencia de Velázquez, el desparpajo y la irreverencia de un genio creador. Recuerdo una entrevista en la que le escuché decir que tenía tres sueños en la vida: ir a la cárcel (visita que cumplió por tres meses), ser “ligeramente” millonario y por último, ser Salvador Dalí. Su arte convivía con el caos, la incertidumbre y toda la subjetividad de nuestra contemporaneidad.

¿Conversación controversial? Honestamente, creo que nada que pudiera decirle le sorprendería o llegaría a sonrojarle. Tenía esa eterna calma de quien lo ha visto todo. En todo caso, el sería el escandaloso, sería yo – sin duda- quien terminaría sonrojada.

¿Mi confesión a Dalí?  Siempre me he preguntado qué espera la Muchacha en la ventana. Su cuerpo, su postura cómoda y relajada confiesan que algo espera. Pero espera en calma. ¿Es la promesa de un amor? ¿Era tibia la brisa que acariciaba su rostro? ¿Era tan suave el cabello de Ana como parece?

MMZ: ¿Qué trago le invitarías Van Gogh? ¿Por qué?

MEDV: Conocida es la afición a la bebida de Van Gogh. La absenta, bebida que acompañó numerosos procesos creativos en el prolijo siglo XIX, le hizo de celestina más de una vez. Si el corazón estaba atribulado: un vaso para aturdirse era la consigna. Así que, un buen Tequila con sangrita – en partes iguales- para llevar a su paladar sabores de distantes latitudes sería mi selección.  

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Maria Elena Del Valle con algunos de sus estudiantes (todas las edades han pasado por sus aulas).

María Elena es docente de cuna (al menos es lo que pienso). Pocas veces he conocido a alguien con tan vocación natural. Ese talento une, porque la admiración hace que uno se acerque a aquello que desea emular de algún modo. Lo mejor es que la mezquindad no aparece en ella, porque está vacunada contra tal cosa. Así que sólo prodiga la docencia como un oficio necesario, que debe ser honesto y debe ser exigente, porque es el que forma (o deforma).

Juntas hemos compartido ese vínculo con la docencia y lo hemos disfrutado inmensamente. Hemos discrepado más de una vez, lo que lo ha hecho más que interesante y retador. Nos ha unido más.

MMZ: ¿Educar es una batalla? ¿Por qué? ¿Contra qué?

MEDV: ¡Sí, lo es! La más hermosa batalla por restituir la dignidad. Una batalla a la que vamos con una única estrategia: empoderar el pensamiento crítico y estimular la disidencia. ¿Por qué? Porque la ignorancia es cómoda y conveniente para muchos, porque al educar liberas y los esclavos son más dócilesEs un pulso contra el desánimo que a veces genera la soledad de este sacerdocio, contra lo anestesiado que se me antoja muchas veces quien no se atreve a aprender, contra las marañas burocráticas que lejos de estimularte a crear te frenan y desgastan.

MMZ: Cuando se trabaja con el patrimonio cultural son muchos los vínculos que pueden tejerse. ¿Consideras que la generación más joven debe re-semantizar el patrimonio cultural para que tenga algún sentido en su imaginario?  

MEDV: Todo vínculo con el patrimonio nace de la emoción. Es desde lo emotivo que el ser humano conecta con la memoria histórica, esos nexos no vienen de la razón sino desde lo sensible. El patrimonio sin recuerdo, sin memoria, es sólo cemento, pintura y bloque. Hoy creo firmemente en la emergencia de la memoria. Nuestro patrimonio como realidad material e inmaterial languidece. En algunos casos por el proceso de meteorización de la memoria en el auto-impuesto exilio y en otros por la culpable desidia de quienes pudieran hacer la diferencia.

Llenar de significados nuestro patrimonio es algo que compete a todos quienes tengamos la memoria sembrada en Venezuela; hacerla persistir a pesar de todo, en nuestras salas, en nuestras casas, en nuestras listas de reproducción de Spotify no se decreta, es una decisión personal y familiar. Que nuestros hijos crezcan viendo el Ávila aunque estén lejos, y sabiendo de nuestras artes y nuestras letras, se dicta en nuestro corazón.

MMZ: Como historiadora y estudiosa de los asuntos culturales, cuando te tropiezas con un monumento en una ciudad que desconoces, ¿qué hace tu mente? ¿Cuál es el proceso que ese monumento genera en ti?

MEDV: Siendo que mi área de experticia no es el arte, desde siempre, ese lenguaje que sólo habla una pintura, una escultura, una canción, un poema me llega directo al corazón. Ese el esperanto que me habla desde los significados que conozco y entiendo. Puede sobrecogerme una pintura por horas, y provocar en mí el más contemplativo silencio.¡Empatía! A veces atrevida, que me impulsa a intentar interpretar, sentir y conectar con la emoción que el arte me genera.

MMZ: Recientemente Beyoncé y su esposo, Jay-Z han rodado un video clip para su canción “Apeshit” en el Museo del Louvre. Criticas van, alabanzas vienen, pero más allá de ellas, visto como un producto cultural de nuestros tiempos, ¿qué opinión te merece ese video?

MEDV: Al verlo las emociones han sido variopintas. Por un lado me ha sorprendido un poco la irreverencia de íconos de esta generación y bailarines pululen con atrevimiento ante la Coronación de Napoleón.  Pero por otro me han sorprendido la cantidad de simbologías de cuerpos que parecen colgados para secarse y ser consumidos, el ángel en jeans en lo alto del edificio que recuerda una escena del Cielo sobre Berlín y Ángeles y Demonios.  

Una Beyonce que recrea escenas del arte clásico haciéndolas cercanas a la cultura de hoy. Arte que surgió de una cotidianidad y un contexto y que es reinterpretado en los nuestros. Una letra que alude a Rafiki, al Rey León y en la que se declara: mira dónde hemos llegado, mira lo que hemos logrado y lo que debemos agradecer. Es la impune oportunidad de redefinirlo todo, sólo porque queremos. Un mundo donde la autoridad ha desaparecido, donde la coherencia migró a espacios, donde sólo lo inmediato importa.

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Maria Elena Del Valle y sus tres hijos (Juan Luis, Chichi y Juan Carlos)

María Elena tiene una adicción casi compulsiva a los selfies (guarden el secreto). Pero tiendo a pensar que el mejor de todos autorretratos está en sus hijos. En ese darse completamente todo el tiempo a ellos. En darse ella a los demás sin miramientos. Dona su cabello cada vez que ha crecido lo suficiente, porque no está en ella sino dar.

Su productividad intelectual es imparable, tanto como como su deseo de abrir puertas a los demás. Se maneja entre el conocimiento como pez en el agua, como tomate en su salsa. Está siempre lista, siempre dispuesta. Las causas perdidas son su razón y su emoción. No importa si su bicicleta (la del gimnasio) no va a ninguna parte, ella es feliz tan sólo con pedalear.


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