Mary Martínez: “Aprender a ver es una necesidad vital.”

por María Magdalena Ziegler D.

Mary Martinez

Mary Martínez

“Mi religión es la bondad.” Eso ha dicho el Dalai Lama, pero fácilmente ha podido decirlo Mary Martínez. Decirlo además espontáneamente, sin premeditación y sin intención. Con ello ocasiona -sin saberlo- el más hermoso efecto mariposa.

No es casual que entrara yo en un aula, sin la menor idea de qué me esperaría, y sintiera con su sonrisa que todo iba a estar bien. Como docente he tenido la fortuna de tropezarme con gente extraordinaria, pero Mary es excepcional. Ella no lo sabe, no lo ha descubierto todavía. Al menos no en profundo. Pero lo hará y no puedo esperar el momento de verlo en technicolor.

Le conocí siendo profesora sustituto de alguien que es imposible sustituir. Mi mayor satisfacción fue verla brillar tímidamente pero con entusiasmo. Con orgullo confieso que la llevé un día a un museo, no porque antes no hubiera ido, sino porque estaba convencida de que le haría a ese museo un gran favor. La llevé no como la estudiante de Artes que era, visitando el museo para una asignación. La llevé a cambiar el museo.

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MMZ: Has trabajado en museos desde hace bastante tiempo ya; eras todavía estudiante de pregrado cuando tuviste tu primer contacto con el mundo laboral de los museos. Sin embargo, las funciones de un museo son múltiples y en las últimas décadas se han especializado cada vez más. Desde tu perspectiva, si los museos tuvieran que reducir sus funciones a una sola, ¿cuál debería ser?

MM: ​Es una pregunta difícil de responder pues el engranaje propio de un museo está en esas múltiples funciones, en esa red de esfuerzos por conservar, registrar y potenciar una colección. Si debo escoger una sola función me inclinaría por la función de conectar con el público, de hacer puente entre las obras y los espectadores pues considero que esa relación es vital no sólo para la existencia del museo como institución y como espacio orgánico sino también que es allí, en ese contacto, donde se potencia la experiencia del arte. El museo es un espacio para hacer de esa experiencia un momento mágico – disculpen el cliché-. De allí que la función educativa resulte para mí tan vital. Además, ante un mundo cada vez más conectado desde distintos tipos de redes, el museo puede estar presente allí para generar ese enlace con su público.

MMZ: La labor educativa en los museos siempre ha estado presente en tus actividades. ¿La educación artística tiene el lugar que merece en nuestra infancia?

​MM: En una primera instancia, podríamos decir que sí pues una de las principales actividades que se estimula en los niños es el dibujo -pensando de manera general en las artes plásticas-. Sin embargo, detrás de ese primer impulso está la noción del arte como hobby o de la expresión artística como tarea secundaria, complementaria quizás, incluso como actividad mecánica. En muy pocos casos, el arte se asume como experiencia formativa con un protagonismo definido, quizás podríamos hacer la excepción de la formación musical que en numerosas ocasiones se advierte desde muy temprana edad. Existen, a nivel internacional, experiencias gratificadoras que hacen de la educación artística un área no sólo importante sino más bien vital para el desarrollo de los chicos.

En una entrevista reciente, David Bueno, un biólogo y genetista de origen español, defendía la inclusión de la música y la plástica en niños haciendo énfasis en la etapa de primaria pero realmente para todos los niveles, incluso instaba a revisar esa necia condición de limitar las horas de estas áreas (incluía la educación física) pues son los “aprendizajes más transversales que hay” a lo cual agregaba que en ellas se apela directamente a las emociones del individuo lo cual es crucial para aprender cualquier cosa. Tal premisa es para mí fundamental, es bandera para defender el justo espacio que merece el arte en todos los niveles de la educación formal e informal no sólo por la cualidad transversal de estos lenguajes, de cómo activan las neuronas sino también por esa conciencia emocional que se manifiesta.

En nuestro país [Venezuela], a la educación artística aún le falta camino por recorrer para tener el espacio que merece, es un reto que debe plantearse pues hace falta un cambio de paradigma de lo que significa estudiar el arte, estudiar los objetos, acceder a la experiencia creativa con nuevos ojos, darle cabida y ser conscientes de nuestra inteligencia emocional, atender nuestros impulsos creativos, aprender a ver, sentir, tocar el mundo desde otras perspectivas.

Mary es licenciada en Artes y en Educación. Tiene más de 10 años de experiencia en labor museal y una capacidad infinita para hacer que colores y patrones enemigos generen una amistad inmediata inexplicable para el resto de la gente. Sus ojos desaparecen cuando sonríe. Quienes la conocemos cuidamos de ella. Es lo que produce naturalmente en los demás.


MMZ: ¿Qué lugar crees que tiene (o debería tener) la tecnología digital en la educación artística en todos los niveles?

​ MM: La tecnología digital está presente en nuestra cotidianidad de manera ineludible e imparable, debo admitir que en lo personal puede llegar a aturdirme y a la vez, contradictoriamente, me sorprende cada día en su capacidad o más bien en las innumerables oportunidades que sigue abriendo en términos de comunicación, acceso a contenidos, innovación, etc.

Creo que, desde la educación artística, la tecnología y su uso consciente – responsable- permite potenciar la manera cómo aprendemos sobre arte, permite considerar nuevas herramientas o recursos didácticos para explorar el mundo del arte desde cualquier nivel. Pensar en herramientas como Google Art & Culture por ejemplo, que te permiten acceder a exposiciones virtuales o los mismos recorridos que grandes museos ponen a nuestra disposición ante la distancia, son recursos que fomentan una conexión, que establecen un puente nada despreciable ante la experiencia del arte.

MMZ: Algunos museos se han quejado sobre lo inevitable: el uso de imágenes de sus espacios y exposiciones en las redes sociales de quienes les visitan. Afirman que esto horada la imagen que el museo desean crear de sí mismo como institución y que además se violan derechos de autor. ¿Crees que es la actitud más adecuada en tiempos en los cuales la tecnología es omnipresente?

​MM: Ese es un debate que nos concierne a todos, especialmente a todos los que estamos en redes sociales que de una u otra manera somos susceptibles de que nuestra imagen se use sin un control real. Sobre esto se puede filosofar y establecer pros y contras para ese uso de las imágenes, pero realmente me siento tentada a pensar como Oscar Wilde cuando decía que lo importante es que hablen, no importa si es bien o mal pero que hablen. Creo que para los museos esta premisa se cumple, preferiría mil veces tener mi feed repleto de imágenes de amigos que han visitado museos que selfies en el baño o fotos de un rico almuerzo.

Estamos ante un universo voraz que nos expone y que nos exige un timeline, un estado y una foto de perfil, si esas imágenes son dentro de un museo, hay una luz al final del túnel pues el contexto de esa foto sigue siendo un museo. Puedo entender los términos en cuanto a derechos de autor pero creo que el museo puede jugar con eso a su favor, instar al usuario a tomarse todas las fotos que quiera siguiendo los parámetros que el mismo museo otorgue, generando entonces una situación de ganar -ganar: se visitan los museos y los usuarios siguen retos y mantienen sus feeds activos.

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MMZ: Recientemente la Manchester Art Gallery sacó de exhibición la obra de John William Waterhouse, “Hylas and the Nymphs” (1896) aduciendo que deseaba iniciar una discusión en torno al abuso y objetivación de la mujer en el arte. ¿Crees que fue una buena decisión de parte de la MAG? ¿Es esa la labor de un museo?

​​MM: Es una pregunta interesante. Creo que retirar la pieza no fue una decisión acertada. Cada obra responde a un contexto, a un tiempo a un pulso específico y si la obra se incorporó al discurso de esa exposición, no me parece congruente retirarla. Atender esa discusión, que es además pertinente, puede revisarse desde otras instancias pero sin sacrificar la pieza como tal, siento que desde esa perspectiva y en este caso específico, se le otorga más peso al hecho de la censura que al motivo. Y pensando en esas razones para censurarla, realmente no parten de un argumento sólido.

Creo que la labor del museo está en presentar esa discusión como parte de un contexto actual, en hacerse esas preguntas y brindar el espacio para reflexionar sobre ellas: ¿por qué hoy esa imagen resulta ofensiva desde ese punto de vista? ¿por qué se interpreta de esa manera? ¿se censuró en tiempos pasados? ¿cómo fue recibida la pieza en el momento de su creación? Todas esas preguntas implican esa conexión con el público a la cual me refería anteriormente, el museo tiene en una situación como esa una oportunidad valiosa de ser otro espacio de reflexión, de tocar temas álgidos, de atender una referencia del contexto actual que está en boca de todos. El museo se une a la discusión desde los objetos, desde las piezas que conforman su colección y desde dónde muchas otras preguntas se pueden gestar para comprender la experiencia del arte como un universo rico en interpretaciones.  

MMZ: También hace poco en Londres se prohibió publicitar una exposición sobre Egon Schiele en espacios públicos debido a la explícita representación de los genitales de las figuras de sus obras . ¿Debemos ver esto como un hecho sin importancia o por el contrario es signo de algo a lo que debamos prestar más atención?

​MM: Para mí es una alerta. Por un lado, me resulta desconcertante pues es una señal de cómo hoy nos relacionamos con el cuerpo humano y la desnudez, existe un tabú y una relación inquietante con el cuerpo desnudo y la manera cómo se representa. Incluso podríamos decir que este tipo de reacciones, irracionales a mi parecer, van de la mano con la educación artística y su presencia en la infancia, con la manera cómo evaluamos o imponemos un juicio ante la imagen, cómo proyectamos nuestros valores, miedos o angustias.

Siento que en el afán de ser políticamente correctos la sociedad asume estas irracionales actitudes que desenfocan totalmente el problema de base. Cabe preguntarse cuáles son las referencias para designar la obscenidad en Schiele. ¿Esa representación explícita de los genitales bajo un dibujo franco como el de Schiele puede entonces compararse con la explícita representación de una portada de Playboy o con la explícita connotación sexual (valga la contradicción) en un vídeo de Reggaeton? ¿Cuál es la medida que nos permite establecer esa prohibición?

Considero que todo está en una necesidad vital de aprender a ver, de aprender a filtrar con consciencia las imágenes, entender el contexto en el cual fueron realizadas, leerlas de una manera sincera. Creo entonces que es un hecho al cual hay que prestar atención no sólo desde la educación artística sino desde la educación visual en general. En un mundo donde la imagen está en todas partes, es cotidiana y voraz, necesitamos con urgencia una verdadera educación visual.

Ciertamente, una educación visual más amplia, tolerante, diversa es necesaria. Como necesaria también es inculcar la bondad en el ojos del observador. No se puede mirar el mundo con desprecio o con resentimiento. Con bondad en los ojos, todo luce más amable. Mary lo sabe y no deja que la bondad abandone sus ojos.

[ mmziegler.com ]

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